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La tarjeta gráfica suele apropiarse de una parte importante del presupuesto que dedicamos a nuestros ordenadores, sobre todo si estamos decididos a poner a punto un PC para juegos o creación de contenidos medianamente ambicioso. No cabe duda de que es un componente que tiene un impacto enorme en nuestra experiencia, por lo que una elección desacertada podría echar por tierra nuestras expectativas y obligarnos a cambiarlo mucho antes de lo que habíamos previsto. Afortunadamente, podemos evitarlo.

Este artículo es la cuarta entrega de una guía extensa en la que los principales componentes y los periféricos más relevantes de un PC tendrán su dosis de protagonismo. Nuestra intención es ayudar a los usuarios que han decidido montar un equipo a la medida a encontrar los componentes que resuelven mejor sus necesidades y encajan mejor en su presupuesto, y para lograrlo dedicaremos a la mayor parte de ellos un artículo en exclusiva. La protagonista indiscutible de este artículo es la tarjeta gráfica de la misma forma en que en las anteriores entregas de la guía hablamos de la placa base, el procesador y la memoria principal.


La tarjeta gráfica, en detalle: estas son las características que más nos interesan

Antes de que profundicemos en las especificaciones y las tecnologías con las que nos interesa familiarizarnos para encontrar la solución gráfica que resuelve mejor nuestras necesidades es interesante que nos planteemos cuándo es aconsejable que instalemos en nuestro PC una tarjeta gráfica dedicada. Y es que no siempre es necesario dedicar una parte de nuestro presupuesto a este componente. La lógica gráfica que han incorporado tanto AMD como Intel a sus últimas familias de microprocesadores tiene la potencia necesaria para resolver con suficiencia algunos escenarios de uso.

Si nuestro objetivo es diseñar y construirnos un PC exclusivamente para ofimática, navegación en Internet y reproducción de contenidos, no necesitaremos una tarjeta gráfica dedicada. Los gráficos implementados en los procesadores Ryzen de 3ª generación de AMD y en los Core de 10ª generación de Intel, así como en iteraciones anteriores de estos chips, son perfectamente capaces de resolver este escenario de uso. Eso sí, es importante que nos cercioremos de que elegimos un microprocesador que incorpore lógica gráfica porque no todos la integran.

Dedicar una parte de nuestro presupuesto a una tarjeta gráfica tiene todo el sentido si queremos usar nuestro PC para jugar y crear contenidos, pero esto no significa que con los gráficos integrados en la CPU no podamos jugar y crear

Dedicar una parte de nuestro presupuesto a una tarjeta gráfica discreta tiene todo el sentido si queremos utilizar nuestro PC para jugar y crear contenidos, pero esto no significa que con los gráficos integrados en la CPU no podamos jugar y crear. Si lo hacemos ocasionalmente y nos basta jugar a 1080p, con una cadencia de imágenes que habitualmente se moverá entre 30 y 60 FPS, y aceptamos que la calidad gráfica no sea siempre la más alta, la lógica gráfica implementada en algunos procesadores de Intel y AMD nos bastará. Los gráficos integrados más capaces, y los que mejor experiencia nos ofrecerán, son los Radeon RX Vega 11 que podemos encontrar en algunos procesadores Ryzen de 2ª y 3ª generación, y los HD Graphics 630 que nos propone Intel en algunos de sus microprocesadores Core de última hornada.

Pero si queremos utilizar nuestro PC para jugar a 1080p o resoluciones superiores con la máxima calidad gráfica posible y cadencias de imágenes por segundo sostenidas de 60 FPS o más, la mejor opción es apostar por una tarjeta gráfica discreta. Lo mismo sucede con la creación de contenidos. Si editamos vídeo, diseñamos en 3D o realizamos animaciones, y necesitamos que nuestro equipo nos ofrezca una experiencia lo más satisfactoria posible en este escenario de uso, nos vendrá muy bien tener una tarjeta gráfica dedicada. Aunque, eso sí, la creación de contenidos no suele ser tan exigente con el hardware gráfico como los juegos, especialmente los de última hornada.

En la siguiente sección del artículo indagaremos en el porfolio actual de soluciones gráficas de AMD y NVIDIA, pero antes de hacerlo nos interesa familiarizarnos con las especificaciones y las tecnologías que van a ayudarnos a identificar qué nos proponen las tarjetas gráficas que tenemos en el punto de mira. Algunas de esas características, como el filtrado de texturas, las técnicas de sombreado, el suavizado de los bordes dentados o el trazado de rayos, tienen un impacto directo en la calidad de imagen. Y otras, como la frecuencia de reloj a la que trabajan la GPU y la memoria o el número de núcleos gráficos, condicionan claramente las cadencias de fotogramas por segundo sostenida y máxima que nos va a ofrecer nuestra tarjeta gráfica.

Procesador gráfico o GPU (‘Graphics Processing Unit’)

La GPU es el auténtico corazón de nuestra tarjeta gráfica. Al igual que la CPU es un circuito integrado muy complejo que integra varios miles de millones de transistores diminutos y varios núcleos que tienen capacidad de procesamiento independiente. Sin embargo, aquí acaba el parecido entre estos dos componentes. Y es que la arquitectura de la CPU y la GPU persiguen objetivos muy diferentes. El paralelismo, una propiedad que podemos definir como la capacidad que tiene un circuito integrado de procesar varias tareas simultáneamente, es muy importante cuando ejecutamos algunas aplicaciones en una CPU, como, por ejemplo, las herramientas de renderizado en 3D. Sin embargo, el paralelismo en una GPU no solo es muy importante; es crucial.

Las tareas que debe llevar a cabo una GPU para generar los gráficos que vemos en nuestro monitor se caracterizan por exigir un esfuerzo de cálculo muy grande, y, sobre todo, por ser paralelizables de una forma muy natural. Esta es la razón por la que los procesadores gráficos tienen una cantidad de núcleos muy superior a la de las CPU. Habitualmente estas últimas tienen entre 2 y 64 núcleos, que pueden implementar o no la tecnología SMT (Simultaneous Multi-Threading) para que cada uno de ellos sea capaz de procesar hasta dos hilos de ejecución simultáneamente. Sin embargo, una GPU moderna puede incorporar hasta más de 4.000 núcleos, que, eso sí, son más pequeños y sencillos que los núcleos de una CPU.

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Post Author: Gonzalo